Cal Blanca

Con el cubo y su brocha veía a mi madre y vecinas blanquear sus casa y calles cuando yo era muy pequeña, siempre me ha sorprendido la limpieza de los pueblos de Andalucía. Solo tenía que pasear por sus calles con la fresca de la mañana para oler a tierra mojada después de regar las puertas. Veías las casas abiertas de par en par esperando que se secara el suelo de la galería, y así poder cerrar y mantenerlo limpio hasta el próximo día que se volvía a repetir el ritual, que se acrecentaba cuando se aproximaba una festividad como la Semana Santa, las Cruces de mayo, los Patios o la Feria.

Mi Abuela, sus macetas, las vecinas en la puerta charlando hasta altas hora en las noches de primavera ya llegando el verano, esas maravillosas florecillas que adornan las calles, donde se hace irresistible pararte por un instante a disfrutar de semejante belleza que nos recuerda la alegría de vivir.

“Cal Blanca” es una inspiración en la sensorialidad de esos recuerdos de la niñez que te acompañan durante toda la vida, que te traen una imagen vivaz que casi soy capaz de oler, y sentir momentos importantes que me han llevado a ser quien soy, quien hoy baila.

El flamenco tiene un componente duro y desgarrador, pero tiene otro lleno de luz, color, alegría, aire, y no por ello deja de ser menos íntimo y profundo. Pues es aquí donde quiero pararme a bailar esta vez, quiero plasmar al público esa amalgama de sensaciones, colores, olores, situaciones a través de los sentidos.

(Espectáculo disponible en el catálogo de Diputación de Córdoba y en Flamenco viene del Sur).